2 de febrero 2012
La vida consagrada es una vocación no una carrera, significa una llamada divina; "Dios llama especialmente a algunos fieles a dicho estado, para que gocen de este don peculiar en la vida de la Iglesia y favorezcan su misión salvífica de acuerdo con el fin y el espíritu del instituto". En esta llamada la persona encuentra plenitud en el amor desarrollando sus capacidades, valores talentos, virtudes, en sí toda su integridad; frente a los ojos de Dios que le dice, "con amor eterno te he amado, por eso prolongare mi cariño hacia ti".
El consagrado responde como signo profético, escatológico que atrae a los hombres a la vida cristiana con un corazón grande "Amarás a tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tus fuerzas.". Siempre reflexionando la realidad que le toca vivir. Como dice Fray Carlos Aspiros Costas: "Para mí, la vida consagrada significa algo así como tener los dos pies en la tierra, […] estar bien enraizados en la realidad […] Tenemos los pies en el mundo, pero con horizontes amplios, sin techo alguno por encima de nuestras cabezas, sin muros que aprisionen".
| La vocación religiosa La vocación religiosa es un misterio de amor entre un Dios que llama y un ser humano que le responde libremente y por amor. La vocación es un misterio de elección divina. No me habéis elegido vosotros a Mí, sino que yo os he elegido a vosotros y os he destinado para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto dure (Jn 15,16). Antes de haberte formado en el seno materno, te conocía y, antes que nacieses, te tenía consagrado (Jer 1, 5). | |
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Configuración con Cristo
Se alcanza este fruto por la especial relación con Jesús que a igual que a sus discípulos que les invita no solo a acoger el reino de Dios, sino a poner toda su persona al servicio de esta causa, dejando todo e imitando su vida más de cerca (virgen, pobre, obediente). "Por esto, los miembros de cualquier Instituto, buscando sólo, y sobre todo, a Dios, deben unir la contemplación, por la que se unen a Él con la mente y con el corazón, al amor apostólico, con el que se han de esforzar por asociarse a la obra de la Redención y por extender el Reino de Dios."[35].
ORACIÓN DE JUAN PABLO II
Padre Bueno, en Cristo tu Hijo nos revelas tu amor, nos abrazas como a tus hijos y nos ofreces la posibilidad de descubrir, en tu voluntad, los rasgos de nuestro verdadero rostro.
Padre santo, Tú nos llamas a ser santos como Tú eres santo. Te pedimos que nunca falten a tu Iglesia ministros y apóstoles santos que, con la palabra y con los sacramentos, preparen el camino para el encuentro contigo.
Padre misericordioso, da a la Humanidad extraviada, hombres y mujeres, que, con el testimonio de una vida transfigurada, a imagen de tu Hijo, caminen alegremente con todos los demás hermanos y hermanas hacia la patria celestial.
Padre nuestro, con la voz de tu Espíritu Santo, y confiando en la materna intercesión de María, te pedimos ardientemente: manda a tu Iglesia sacerdotes, Religiosos, Religiosas y Consagrados que sean testimonios valientes de tu infinita bondad. ¡Amén!
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